Estimado señor rector:
Actualmente me encuentro cursando el primer ciclo de la carrera de Comunicaciones en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, y he de informarle que la universidad tiene un enorme problema: no tiene armarios. Me replicará usted, quizás, que el gimnasio sí cuenta con casilleros para uno dejar sus cosas en lo que se ducha, porque hay ciertas cosas, como carteras de tela o sweaters de lana, con las que uno no se puede duchar porque se encogen. Sin embargo, he de responderle que esos casilleros son demasiado pequeños. Estará usted preguntándose ahora: “¿De qué demonios me está hablando?”. Le explicaré.
Verá usted, todas las mañanas entro a la universidad vestida como un adulto joven normal: mis jeans ajustados, mi camisa de moda, un abrigo bonito y algún collar exótico para que vean que compro mi ropa en Galerías. Pero ese atuendo poco me dura. No han pasado ni 5 minutos cuando ya tengo que correr a ponerme mi máscara de extraterrestre y mi traje plateado para pasar por el camino de cemento, el que está justo al entrar por la entrada peatonal, a cuyos lados se encuentran hileras de bancas repletas de estudiantes que te miran pasar. Lo peor es que, a veces, esos semejantes desconsiderados me miran con cara de que me quieren pagar por sexo ¡sin previo aviso! y tengo que correr a ponerme mi minifalda y mis tacones. A veces se me pasa por la cabeza sentirme ofendida, pero con todo el ajetreo de cambiarme se me olvida.
Llego a duras penas a la primera clase, que es Introducción al Lenguaje, y me siento tranquilamente junto a mis amigos. Mas el descanso me dura a lo mucho una media hora, porque otra vez tengo que cambiarme, y lo peor es que este atuendo siempre es diferente cada día. Tengo que estar muy pendiente de la clase, porque de eso depende si me pongo una camiseta que ponga “Excelente Estudiante”, una que ponga “ZZZZZZZZ” o una que ponga “¡DEMONIOS!”. Para “mejorar” las cosas, soy humana y tengo mucho más que solo esos tres estados de ánimo. ¿Se imagina usted cargar más de 30 camisetas en su cartera? No lo creo. Prosigamos.
La segunda clase es un poco menos complicada, porque para Filosofía solo necesito dos atuendos. El primero es una túnica blanca, una calva falsa, una barba postiza, unas sandalias (gracias a la moda, ahora puedo encontrarlas en la zapatería MD ¡a mitad de precio!) y un porro de marihuana, pues si no siento que no estoy filosofando. El segundo atuendo es un traje enteramente negro, el que usan los ladrones para colarse de noche. El único inconveniente de mi disfraz es que lo utilizo de día, pero igual me sirve para pasar desapercibida y que no me pregunten sobre temas que ni con mi porro los entiendo. De cualquier manera, los accesorios que siempre llevo conmigo son tres cubetas de metal, porque muchas veces siento que lo que estoy hablando es pura basura, y como me gusta contribuir a la ecología, la clasifico.
Después de esta clase corro a dejar mis cubos a… ningún lado, porque no tengo donde. Corrijo: después de esta clase corro con mis cubos a cambiarme, porque tengo clase de Historia. En esta materia, desgraciadamente, la mayoría de veces no llevo mi aguja, por lo que tiendo a perder el hilo. Es por eso que esta clase es la que más vestuarios requiere, sin contar que también necesito muchos accesorios para construir los escenarios que van con mi disfraz. Algunos de mis favoritos son: Doris Day en una película de Terminator, John Travolta en un supermercado donde ya no hay vaselina, Dita von Teese en un convento y Danny DeVito en la lista de los 100 hombres más guapos de la revista People. Para los días en los que sí logro seguir el hilo, utilizo también bastantes conjuntos creativos, como por ejemplo, Marlon Brando actuando en “El Padrino” o Ricky Martin en un club de bailarines exóticos.
Concluida la clase, debo volar a traer mi capa negra y mi sable de luz “Jedi” para ir a la clase de Redacción. En esta clase es donde más cómoda me siento porque ahí solo hay dos opciones: o salgo triunfante aun vestida de Jedi, o salgo vestida de Jar Jar Binx. Y aunque presto mucha atención en clase, siempre me distrae un poco el miedo que, de la nada, mi profesor se voltee, me vea fijamente mientras se pone una máscara negra y me diga: “¡Yo soy tu padre!”.
Como usted verá, señor rector, solo entre clase y clase tengo que cargar una cantidad inmensa de cosas, y eso que hasta ahorita no he incluido todos los atuendos que ocupo entre clases. Mientras camino por los pasillos en los recesos tengo que cambiarme constantemente. A veces me visto de payaso, a veces de muñeca Barbie, de turista, de turista perdido, de Frodo Bolsón, de modelo de pasarela, de Lady GaGa. A veces cuando voy con mis amigos me visto de mono, de esos que imitan todo. A veces, sin embargo, me disfrazo de abeja reina. A veces de Albert Einstein y voy con mi pizarra escribiendo mil y un maravillas, y a veces de absoluta analfabeta que tiene problemas hasta para leer el letrero que dice “A-11” en la puerta del aula.
Y no soy la única, puedo asegurarlo. Y aunque hay perchas con rodos que pueden llegar a ser muy útiles para cargar todo, son un problema cuando se trata de subir gradas. Aparte de que en los pasillos uno a veces choca con las perchas de los demás y entonces hay que correr a disfrazarse de “Gruñón”, el enanito de Blancanieves. Es por eso que me gustaría solicitarle que instale armarios, porque el sombrero de mago que tengo ahorita es un dolor de cabeza, no tiene asideras y encima no combina con toda mi ropa. Es más, deberíamos de tener cuartos enteros para guardar nuestra utilería. ¿No ha considerado como opción hacernos camerinos en el edificio de arquitectura? Así todos tienen espacio y la situación ecológica mejora, porque ya no construirían tantas cosas. Todos ganan. Muchísimas gracias por su atención.
Atte.
Diana Elisa Soriano Hasbún
P.S.: Agradecería mucho que, después de leer esto, aun considerara usted no expulsarme.
Por Dios Diana Soriano Hasbún, este texto es lo máximo, en serio. Me fascinó desde el inicio, me entretuvo, me fascinó, y , además, es la triste verdad que la mayoría de nosotros vivimos en la Universidad. Felicidades.
ResponderEliminar¡Jajaja! Que genial, yo he sentido eso. Tus historias son muy divertidas y con ésta me identifiqué muchísimo. :D
ResponderEliminarCREO, Q SE LA PRESENTARÉ A RUFINO QUEZADA ENLA UES!!! :)
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